Curiosamente y, creo, al contrario de el común de la gente, me parecen maravillosos los lunes, aunque llueva y haga frío, aunque haya que salir con paraguas y recorrer en un colectivo atestado varios kilómetros para una entrevista laboral o un trámite, a pesar de la tristeza lenta que imponen los últimos estertores del domingo. Me encanta levantarme temprano el lunes, a pesar del sueño y el cansancio derivado de un fin de semana ajetreado, es una especie de volver a empezar, toda una semana por delante a estrenar. Siempre lo he visto así, cuando iba a la escuela o a la facultad, cuando tenía que ir a trabajar o rendir algún examen, y en situaciones como las de hoy, en las que la incertidumbre domina el presente y el futuro. Claro que no se trata de un paradigma optimista de libro de autoayuda, para nada, ni siquiera estoy seguro de que se trate de optimismo, es una sensación que solamente se prolonga unas pocas horas de las mañanas de los lunes.

Martes

Martes

En contraste con esa sensación, odio visceralmente el martes (o su equivalente en los casos de lunes feriados), es un día sin identidad, carece del encanto, de esa energía de los lunes y, en cambio, también obliga a un recorrido largo hasta el fin de semana. Nunca pasa nada los martes, rara vez hay partidos de fútbol decisivos, jamás he conseguido trabajo un martes, nunca llaman para entrevistas laborales un martes, nadie se casa, la T.V. es aburridísima, los blogs casi no postean los martes, nadie manda mails que valgan la pena, no se graban discos los martes y, no estoy seguro, pero me atrvería a decir que es imposible levantar minas los martes.

Además, los martes, el esceptisismo suele apoderarse completamente de mi. Si existiese la posibilidad de abolir un día de la semana en particular creo que lo indicado sería optar por el martes.

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Uno lo encontró Nicolás González Varela y lo publicó el fantasma Genovese. Corresponde al Boletín Oficial K. más conocido como Página 12. Noticia fugazmente publicada en la madrugada del miércoles, cuando todavía sesionaban los senadores.

Pero los gafs de la prensa no son exclusivos de nuestro país. Según NYT el senado el miércoles sesionó en Río. Hallazgo de Andrés, que no tiene blog, pero debería.

(Click en las imágenes para ampliar)

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Sin generalizar, porque las generalizaciones son malas y casi siempre hieren susceptibilidades individuales, creo que a los 17-18-19 años, por circunstancias e historias personales, muchas personas suelen no estar preparadas para hacer una elección tan importante como decidir que hacer una vez que finalizan los estudios secundarios (que ahora no se si se llaman “estudios polimodales” o lo que sea). Tal era mi caso hacia el año 1991 en el que egresé (todavía no se cómo) de la escuela secundaria. Un poco la inercia, otro poco la presunción de que el proceso natural dictaba que después de la secundaria venía la universidad y otro poco el peso que tenía por entonces la opinión paternal sobre mis decisiones, me llevaron a inscribirme, sin demasiado tiempo para reflexionar, sin tests vocacionales y sin demasiada convicción, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo. La decisión se basó en argumentos tan triviales como endebles:  no me costaban matemática ni contabilidad, mi padre era contador y licenciado en economía (de hecho lo sigue siendo), con lo cual tenía todos los libros en casa, muchos amigos de la secundaria habían elegido esa carrera y se suponía que eran profesiones mejor remuneradas que el resto de las alternativas que había evaluado (Letras, Filosofía, Teatro y año sabático).

FCE

FCE

Ingresé así en 1992, tras un par de exámenes bastante fáciles, a la Facultad de Ciencias Económicas, cuyo plan de estudios contemplaba en esa época un ciclo básico común de un año y medio (tres semestres, o cuatrimestres, o como se llamen) tras lo cual se debía optar por una de las tres alternativas: Licenciatura en Economía, en Administración o Contador Público. Sin mayores inconvenientes pasé las materias del ciclo básico y como a esa altura nada me gustaba demasiado, para hacerme el groso, elegí Economía que era la carrera más analítica, con mayor dosis de matemáticas y estadísticas, y con menos alumnos, lo que nos convertía a los que elegíamos esa opción en una especie de elite.

Era la época de auge de la Covertibilidad, la mayoría de los profesores, gurúes diplomados en Chicago, Cambridge, Harvard o, más acá, en el Di Tella o el CEMA, exaltaban con pasión y modelos matemáticos las bondades del nuevo modelo, atribuían males como la inflación y el estatismo a un pasado nefasto y oscuro. Una sola vez un profesor llamado Jorge Day, lo recuerdo perfectamente, en una clase de Economía Monetaria del año 1996, hizo un planteo distinto: “Todo esto es muy lindo, pero me pregunto que va a pasar cuando del exterior se den cuenta del crecimiento exponencial de la deuda pública y nos dejen de prestar dinero para financiar viajes, electrodoméstico, autos y excesos del poder“. El resto nos explicaban las políticas de Cavallo como “lo que se debía hacer” en las economías en vías de desarrollo. Son los mismos que hasta hace unos meses veía en T.V. explicando las bondades del modelo K y que hoy empiezan a cuestionar las retenciones por las dudas.

Recuerdo que permanentemente sufríamos deserciones, cada año un puñado de los nuestros se pasaba a la carrera de Administración, de manera que en las últimas materias de la carrera jamás excedíamos las diez personas por curso, el tema era que, a medida que transcurría la carrera, era cada vez más evidente el destino profesional de los alumnos: el sector público, el exterior o la universidad. El resto de nuestros compañeros (de las otras carreras) nos preguntaban: “¿Qué es exactamente lo que hace un economista?”, la misma pregunta que la gente me sigue haciendo hoy cuando expongo mis credenciales, la misma que muchas veces me hago yo.

Licenciado en Economía

Licenciado en Economía

Hacia mediados del año 1999, con dos materias y el trabajo de investigación final pendientes, me di cuenta de que la economía me interesaba menos que siembra de orquídeas, pero no tenía ganas de empezar otra carrera (mucho menos de ponerme a sembrar orquídeas), rendí las dos materias que me quedaban y no fue hasta el 2004 que presenté mi Trabajo de Investigación (mal llamado “Tesis” por muchos). El diploma lo pedí recién en el 2008, antes de venir a Buenos Aires. Muchos de mis compañeros se fueron del país, o de la provincia, a hacer post-grados que les cambiasen el perfil profesional, otros consiguieron curros en el Estado que aún mantienen, otros trabajan en bancos y unos cuantos nos dedicamos al asesoramiento de empresas. En todos los casos debimos aprender desde cero algunas cuestiones y capacitarnos en cosas básicas que ni conocíamos. Hoy que, en otra ciudad, tengo que empezar a hacerme un lugar nuevamente en el mundo laboral, cada vez que armo mi currículum, que redacto una carta de presentación o que hago un inventario de mis talentos y habilidades para alguna entrevista laboral me hago la misma vieja pregunta que nos hacían cuando estudiábamos: ¿A qué exactamente se dedica alguien que estudió economía?

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Un árbitro borracho, con 2,6 miligramos de alcohol en sangre, dirigió un partido de fútbol de primera división en Bielorrusia sin que ninguno de los dos equipos pusieran reparos.

No sólo Argentina te sorprende.

Fuente: Taringa

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Fácil solución al Cubo Mágico o Cubo de Rubik (Click para ampliar).

Rubik

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Cuando se tiene mucho, demasiado para decir es difícil empezar, no se sabe por donde, eso dice generalmente la gente. Sin embargo yo encuentro dificultades aún mayores cuando de hecho no hay nada interesante que decir, o cuando lo que se tiene para decir no se puede decir de manera tal que resulte interesante para el resto. Paseos por Buenos Aires, viajes en el ferrocarril Sarmiento, asados y juntadas con amigos, planes, proyectos, angustias, un par de entrevistas laborales, lecturas, tendido de ciertos puentes afectivos, esperas absurdas, ruptura definitiva con algunas costumbres, asistencias a ciertas muestras de arte y reflexiones prescindibles, en eso ha consistido mi vida en las últimas semanas, no hay mucho más para decir.

La duración de la situación de conflicto y tensión en que está inmerso el país se ha prolongado demasiado, ha dejado en evidencia la pobreza de los debates intelectuales, des las discusiones políticas e ideológicas, gobierno y campo, a eso se ha limitado toda la discusión, bastante pobre, bastante pocos protagonistas, lo importante, intuyo está en otros lugares. En Pilar por ejemplo:

Pomelos sin Cosechar

En casa de mi amigo Andrés no se cosechan pomelos en señal de protesta por las retenciones, docenas de cítricos que nadie comerá yacen en medio de la hierba abonando la tierra.

En lo personal el tema es más preocupante aún, estoy en la edad justa en la que soy demasiado viejo para que alguna empresa apueste por mi futuro, me tome como joven profesional para entrenarme y lavrame el cerebro (como hace Mc Donalds por ejemplo), y a la vez soy demasiado joven como para ocupar puestos gerenciales sin referencias. En realidad no me importa demasiado mi “carrera”, yo hago lo que sea, pero no puedo convencer a quienes me entrevista de que no estoy “sobrecalificado” para algunas cosas y de que puedo hacer otras.

Como podrán ver nada muy interesante ha pasado, se los dije, debieron hacerme caso antes de empezar a leer este post en sus lectores de feeds, pero si llegaron hasta acá, me tomo el atrevimiento de invitarlos al taller literario resacado:

Taller Resacado

Más información en Resacas.
Por ahora eso estodo.

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Mala Suerte

Buen Fin de Semana

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Ante todo pido disculpas a quienes en las últimas horas intentaron sin éxito entrar al blog, con todo esto de la mudanza me olvidé de pagar el hosting y me suspendieron la cuenta. Así fue que esta mañana temprano, me abrí paso entre la niebla para ir hasta Capital Federal a solucionar el problema y, de paso, a vagar un poco por ahí, a recorrer al azar, solo, sin encontrar a nadie (la misma práctica en Mendoza implica en 10 cuadras pararse a saludar a 5 tipos, 10 cuadras más y se acaba el centro). Desde las oficinas de Nuthost en la Avenida Independencia, tras pagar varios meses por adelantado, tomé por Virrey Ceballos llegué al Circo de la Nación, es decir al Congreso. Vi varias carpas rodeadas todas de una multitud, “que alto grado de militancia” pensé, pero al acercarme noté que la gente hacía cola para comer tortas fritas en la carpa del campo, al lado una carpa montada por la producción de un programa de televisión cobijaba de las ávidas manos de los transeúntes masculinos a la pulposa Pamela David (famosa por lo pavota y por sus tetas de silicona). Me llamó la atención la presencia de pecheras con el logo “MST” y más abajo “Seguridad”. Resulta paradójico, tipos que antes se prendían en cuanto quilombo había, ahora están poniendo orden.

MST
El MST, ¿la nueva policía de Macri?

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Antes de venir a Buenos Aires me enteré de la presentación del libro de LucConsideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar“, editado por Aurelia Rivera Libros. Como yo, varios mendocinos lamentamos que la edición no llegase a esas tierras. Las circunstancias me trajeron aquí y una de las primeras cosas que hice fue hacerme una escapada y buscarlo.

Al pensar en alguna definición sintética para “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” no se puede dejar de considerar la de Gustavo Nielsen, es una muy buena metáfora: si la literatura es una fiesta, los tutiplenes son el cotillón, el color, la diversión. También se podría hacer un comentario al estilo de Guillermo Piro en prólogo (o antepropósito) del volúmen, utilizando el mismo registro de narración, el mismo tono del libro, pero temo que para eso me falta talento, además, al igual que con la metáfora de la literatura como fiesta, ese recurso ya fue utilizado.

No me queda otro camino, dadas las circunstancias, que hacer mi propio comentario, no sin antes dejar asentado, que no fui, soy, ni seré crítico literario, solamente me gusta mucho leer, y trato hace años de escribir alguna página válida sin éxito por ahora.

Tutiplenes

Quien, apasionado por los libros haya ido con la literatura más allá del rol pasivo de ávido lector sabe de las dificultades que presenta esta rama del arte, al contrario de lo que a veces parece, hacer literatura no es fácil, el proceso de creación demanda un esfuerzo considerable, una voluntad férrea y sobre todo mucho papel. También es muy dificil hacer humor, y me refiero al humor en serio, al de verdad, no al chiste fácil, a la humorada tosca y forzada, a burlarse del otro. Y más difícil aún es el humor en esta época en la cual todos se empeñan en ser graciosos, los recursos habituales del humor se agotan cada vez más rápido, la ironía atrasa, nada puede sorprender demasiado y las tortas en la cara no hacen reír a nadie. Dadas estas dificultades, ”Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es un feliz hallazgo, porque supera con creces las expectativas, tanto literarias (al menos mis expectativas literarias) como humorísticas. Como dije no soy crítico literario, poco puedo decir de la literatura pura (y perdón por la rima), sobre la técnica, sólo demando de una obra que esté asentada en un lenguaje lo suficientemente amplio como para reconocer un estilo y lo suficientemente simple como para que las palabras sólo sean un escalón hacia lo verdaderamente importante (la narración, los universos a los que el autor me invita, los paisajes, las situaciones, la perplejidad….), un simple puente intermedio, pero, repito, un puente estéticamente logrado, trabajado, bello; y el libro ofrece eso de punta a punta, desde el diseño de tapa, que brilla por su originalidad, hasta la última palabra utilizada; es un viaje suave, cómodo, que se goza y que además permite disfrutar la esencia misma de los textos. En ese sentido la obra cumple ampliamente y en todo momento mis expectativas. Lo otro es el contenido, la esencia, el corazón mismo y objeto de la obra. Es difícil pensar en libros que me hayan hecho reír, un simple repaso me obliga a mencionar a los cuentos de Woody Allen, los de Dolina, algunos de Fontanarrosa, los cronopios y famas de Cortázar y, a veces, el barroco exagerado de Bustos Domeq. Seguramente un análisis comparativo profundo de estos textos nos llevaría a encontrar un común denominador, lejos estoy yo de poder llevar a cabo dicho análisis, pero intuitivamente puedo decir que hay por lo menos dos factores en el que todos coinciden: la sorpresa y el absurdo (que adopta distintas formas, pero no deja de ser tal). Lo original de cada texto, de cada autor, de cada obra, es la forma en que se llega a sorprender. De estos Tutiplenes, que sin lugar a dudas logran con creces ese cometido final que es la sonrisa, la carcajada, la sorpresa, me llamó la atención el uso de la digresión como recurso para sorprender, para hacer reír para llevarme (a mí, lector) desde un punto de partida x, a uno inimaginable, que por inimaginable sorprende y que por el recorrido que propone divierte. Ejemplo: Partir de He-Man, pasar por Mr. Músculo, para que el perro se termine comiendo a un muñequito. Por otro lado hay textos  que, sin perder ese hilo de digresión irónica y aparentemente absurda, se ríen de realidades cotidianas, sobre cosas que de alguna manera nos viven pasando a todos y ¿qué mejor que vernos reflejados en una situación absurda para reírnos?, ¿que más queremos que reírnos de nosotros mismos, aunque sea un ratito? ¿De que sirve reirnos de los demás? Esa propuesta no sería original.

En fin, todo para justificar el concepto: el libro es excelente, cumplió mis expectativas ampliamente (Es inevitable formar expectativas sobre un libro que escribe alguien cuyo blog vengo leyendo hace bastante). Tiene mucho de lo que algunos críticos literarios actualmente valoran, digresión, estilo, fragmentación y un plus, el humor a veces absurdo, a veces irónico. Supongo que hay mas cosas en el libro, intuí un hilo invisible, una esencia que no he podido rescatar, sobre todo en los juegos descabellados que se proponen y en una que otra de las historias que rozan al amor, pero voy a insistir.

En fin, me extendí demasiado creo, pero redondeando: “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es uno de los libros que a mi me gusta tener en la biblioteca, para hojear al azar cada tanto, para llevar en los viajes urbanos, para tenerlos en el bolsillo a mano en las tenebrosas salas de espera odontológicas, para leer en voz alta con amigos algún pasaje (en adelante Tutiplen) o  para matizar en una tarde de verano en la pileta, es un libro que permite relecturas, me encantó, me hizo reír y me dejó un gusto dulzón en el paladar literario. Ya que Nielsen utilizó la metáfora de la fiesta, voy a utilizar la gastronómica: “Es un libro del que uno se hace habitué, un libro en el que se come muy bien“. Recomiendo conseguirlo, antes de que se agote.

Pequeña Referencia:

Título: Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar
Autora: Rosana Gutiérrez (Luc)
Editorial Aurelia Rivera Libros
Se consigue en Librerías Galerna
ISBN: 978-987-1294-19-0
Precio Aproximado: $35.
Pedidos: rosi.gutierrez@gmail.com
Más información…

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Derechos de autor nulos, costos de edición bajos, best sellers a pedido, plazos de entrega cortos, narraciones orientadas a mercados numerosos, autores propensos a cualquier tipo de sugerencias…. ¿Qué más puede pedir una editorial?

PC

Lo único que le faltaba a la literatura, una pc que escribe novelas. Ya salió “Amor Verdadero” una especie de Anna Karenina aggiornada a nuestros tiempos y escrita en solo tres días, ¿el autor? PC Writer 2008.

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La amistad promueve la creatividad a niveles extremos

Gracias Andrés

Nuevo Miniblog: “Cortitas y al pie

Buen fin de semana para todos.

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Desde la penumbra de una cálida habitación enclavada en los confines del conurbano bonaerense vuelvo, como si el tiempo y el destino no hubiesen movido sus fichas, a sentarme un rato a prestarle atención al blog. Es un objetivo postergado, primero por la falta de computadora, después por la incomodidad que implican los cybers, más tarde se imponían los posts como pulsiones autobiográficas (de cuarta, convengamos) o reflejos de la realidad (cada vez que habla Kristina algo tengo que sacar); lo cierto es que hacía tiempo que no me sentaba solo frente al blog, a dejar una huella, un símbolo que en el futuro sirva para rastrear en este espacio temporal lo cotidiano y descartable, la rutina olvidable de estos primeros tiempos en esta ciudad.

Esta semana me ha absorbido la exploración literaria. Recorrí largos tramos de la calle Corrientes hurgando mesas de saldos enormes, de esas que reclamaba para Mendoza. ¿Para qué feria del libro en Buenos Aires? deberían llevarla al interior, aquí está lleno de libros. Encontré baratos muchos más volúmenes de los que puedo comprar, pero de cualquier manera me excedí, llevo mucho gastado en libros baratos, cosas que me faltaban (algo de Bioy, de Onetti, de Moravia, de Kipling, de Stevenson). Aunque también compré algunas joyas que en Mendoza no se podían conseguir como Prosa Completa de Alejandra Pizarnik y Prosa Plebeya de Nestor Perlongher, algunas rarezas que quería leer por recomendación como Una novela de mil páginas de David Wapner y Poemas del sin trabajo de Eduardo Mileo. Además Koba, en este post, me tentó con la relectura de La Conjura de los necios de J.K. Toole, libro que leí en un ejemplar viejo y prestado hace mucho, lo conseguí barato en las plazoletas de Palermo, esas que están cerca de La Rural y me lo estoy devorando de nuevo, lo que me obligó a conseguir también La Biblia de Neón que junto con La Conjura…, componen toda la obra de Toole. Hacer esta breve reseña de lo que llevo comprado en estos días me hace preocupar, estoy desempleado y mis reservas monetarias no son precisamente abundantes, pero supongo que son años de asfixia literaria, de pagar contra reembolso y esperar semanas a que lleguen las cosas, de esperar hasta por Sartre. Solo me falta Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de mar de Luc, con el que espero hacerme en el transcurso de la semana que viene y cierro este ciclo de compras de libros, al menos hasta que empiece a entrar dinero a mi bolsillo. Por si fuera poco ligué de arriba unos Cuentos sin Plumas de Woody Allen que vendría a ser una especie de antología de sus cuentos hasta el 91′. Con eso, con lo que me traje y con los libros de Mar, en cualquier momento tengo que desalojar mi PC para poner libros.

Otra de las tareas pendientes es acomodar el blog un poco, hay plugins que dejé de usar, en el perfil deben decir cosas viejas, me falta agregar algunos links a ciertos blogs que en los últimos tiempos he incluido entre mis lecturas cotidianas. Pero son cosas que siempre pospongo por uno u otro motivo. En fin, ya estoy demasiado autorreferencial, mejor comparto un video que me mandaron:

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